Mirada al mundo académico y gremial: La construcción se abre al impacto de la Automatización
febrero 4, 2020

Cultura vial, un desarrollo pendiente

Por Isaías Ibacache O. consultor Prevención de Riesgos

Cada año vemos con preocupación que la cantidad de accidentes de tránsito se incrementan según las estadísticas que lleva Conaset (Comisión Nacional de Seguridad en el Tránsito) y que corresponden a los datos que entrega Carabineros de Chile, durante 2018 se registraron 89.311 siniestros de tránsito donde hubo 1.507 fallecidos, cifra que tuvo un aumento de 1,6% con respecto a lo informado el año 2017.

Si bien aún no se publica el número correspondiente al año 2019, todo pareciera indicar que tantos eventos como el número de personas fallecidas no tendría, lamentablemente, una disminución ¿es que los chilenos somos malos conductores? analicemos entonces dónde podría estar la falla o mejor dicho la debilidad.

Primero, podemos afirmar que nuestras carreteras mantienen un alto estándar de calidad en su diseño y en mantención de la pista de rodado ¿se pueden mejorar? la respuesta siempre será si porque una mejor fiscalización por parte de las autoridades permitirá que las concesionarias reparen adecuadamente los sectores que se encuentran en malas condiciones y se mantengan, tal vez un punto importante a considerar es mejorar la amplitud de las bermas y las defensas camineras que de todas maneras necesitan una reingeniería ya que las defensas centrales de las autopistas podrían ser una poco mas altas e impedirían el encandilamiento de pistas contrarias. Es necesario fiscalizar que se use la carretera de buena forma y no ocupar las bermas con comercio y otras instalaciones.

Segundo, tenemos en el mercado de  nuestro país la mayor cantidad de marcas y modelos  que toda Latinoamérica, entonces nos falta que aprendamos a elegir aquellos vehículos que han superado las pruebas de seguridad según estándares internacionales, de manera que las marcas y modelos que no cumplen los estándares no puedan ingresar al mercado chileno sin exigencias que nos permitan proteger a nuestros pasajeros.

Tercero, definitivamente somos malos conductores porque no tenemos disciplina para hacernos cargo de un vehículo: nos detenemos en cualquier lugar, no señalizamos al querer virar o salir de la ruta, no respetamos las velocidades máximas, estamos convencidos que cada uno tiene el mejor vehículo y somos el conductor más importante por eso frente a un taco sobrepasamos por la berma derecha. En resumen al volante somos “trogloditas” y así no mejoraremos nuestra conducta. Por tanto deberemos seguir insistiendo que la seguridad vial al igual que laboral debe ser incluido en los planes de estudio desde temprana edad.