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Nueva vida para los relaves: De depósitos de desechos a fuentes de agua y energía

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Mientras la tecnología digital guía a la minería hacia un nuevo horizonte de eficiencia, autoridades y empresas analizan distintas opciones para reorientar el tradicional papel ingrato de los depósitos de desecho. ¿El objetivo?: reforzar las exigentes normas de construcción que impiden desastres como el ocurrido en enero, en Brasil, y diseñar revolucionarias estrategias para convertirlos en fuentes de recursos hídricos y energéticos.

El 25 de enero la represa minera de Brumadinho, en el sureste de Brasil, colapsó, liberando una gigantesca avalancha de desechos y barro que arrasó con todo a su paso y provocó la muerte de 157 personas, dejando a otras 182 desaparecidas.

No sólo fue uno de los accidentes mineros más graves en la historia de dicho país, sino que además representó la perfecta crónica de un desastre anunciado, porque los representantes de la gigantesca empresa Vale S.A. (dueños de la obra), no ejecutaron las obras de ingeniería necesarias y simplemente confiaron en que el lago de barro se mantendría lo suficientemente sólido como para retener por siempre los desechos. Eso, hasta que la gravedad y la física hicieron patentes su irresponsabilidad y fracaso.

Un escenario que, gracias a las exigentes normas de construcción e ingeniería aplicadas en Chile, no parece factible de repetirse en suelo nacional, pero que de todos modos vuelve a colocar sobre el tapete la necesidad de reforzar las tareas de monitoreo y reconversión de los relaves mineros.

Tarea que, a juicio del ministro de Minería, Baldo Prokurica, ha sido “tradicionalmente el patio trasero de la minería” y que durante la actual administración se espera optimizar significativamente.

Riesgo y oportunidad

La generación de grandes volúmenes de residuos es consecuencia lógica e inevitable de cualquier proceso productivo, industrial o extractivo, y, por cierto, la minería no está exenta de esta condición.

Si se analizan con lógica imparcial todas las variables involucradas, se llega a la conclusión de que ninguna industria puede operar si no cuenta con un sitio apropiado para disponer sus residuos; sin importar si es una panadería de barrio, o un gigantesco yacimiento de cobre en la Cordillera de los Andes.

Para eliminar estos residuos, la minería recurre a grandes depósitos de relaves que, por ley, deben estar situados en un sitio seleccionado y aprobado por la autoridad competente (en Chile es el Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomin). Allí deben mantenerse en forma estable y sin causar efectos negativos al medio ambiente.

Según explica Rodrigo Moya, gerente de Sustentabilidad de Antofagasta Minerals, “el diseño, construcción, operación y cierre de un depósito se ejecuta de acuerdo con lineamientos muy exigentes, para asegurar la estabilidad de todos los aspectos estructurales, hidráulicos, químicos y ambientales durante toda su existencia, así como en todos los escenarios previsibles de cargas y solicitaciones”.

Esto incluye, por cierto, la naturaleza sísmica y volcánica de nuestro territorio, condición que fue definitivamente incluida en estos procesos, tras la promulgación, en 1970, del Decreto Supremo N° 86, que estipuló el nuevo reglamento para la construcción y operación de tranques de relave.

Este cuerpo legal se redactó tras las lecciones obtenidas luego de la última gran tragedia minera ocurrida en nuestro país: el colapso del tranque El Cobre en 1965, en la Provincia de Quillota, que mató a más de 200 personas.

A diferencia de Brasil, donde la peligrosa ingeniería de “aguas arriba” aún se utiliza en gran número de relaves mineros (poniendo en peligro a cerca de tres millones de personas); en Chile sólo se permite la construcción de represas con los métodos de “aguas abajo” o “línea central”, que son más resistentes a los movimientos telúricos y cuya valía se ha reflejado en la inexistencia de nuevos desastres.

“La principal medida que tenemos en Chile para evitar incidentes como el ocurrido en Brasil, es que en nuestro país, el método de construcción de tranques de relaves ‘aguas arriba’, está prohibido desde 1965”, destaca Rodrigo Moya de Antofagasta Minerals.

“Junto a ello -agrega-, existen elevados están- dares de diseño para la estabilidad física de nuestros tranques, por la condiciones de sismicidad que existen en Chile, los cuales han demostrado su efectividad. Además el Sernageomin, organismo fiscalizador y regulador de la actividad minera, aprueba las condiciones de diseño y verifica que éstas se cumplan durante la operación”.

Desde Codelco, en tanto, también se considera que la tragedia de Brumadinho no puede repetirse en nuestro país, debido a que “la normativa nacional establece, dadas las condiciones sísmicas de Chile, una mayor exigencia que la brasileña, lo cual se traduce en criterios de diseño más exigentes; además de la prohibición, por ley, del método constructivo ‘aguas arriba’ desde la década del 70”.

“Además -destacan los especialistas de la minera estatal-, tenemos implementados sistemas orientados a reconocer los riesgos que pudieran afectar la salud de las personas, el medio ambiente, la infraestructura y el negocio. Considerando la implementación de medidas de control y asignación de recursos humanos, financieros y técnicos necesarios para que éstas se mantengan en el tiempo, y así controlar los riesgos durante todo el ciclo de vida del depósito de relaves”.

Un punto que también enfatiza el ministro Baldo Prokurica al manifestar que “con las exigentes tecnologías utilizadas, producto de la sismicidad del país, se han incrementado significativamente los estándares de seguridad. Es cierto que nunca existe garantía total de que no haya accidentes, pero desde 1970 los tranques de relave han resistido terremotos muy importantes, gracias a que se tomaron medidas para remediar esa situación (de riesgo)”.

El secretario de Estado puntualiza, asimismo, que “si nos comparamos con otros países, Chile tiene una posición bastante avanzada en la materia. Pero siempre las cosas se pueden hacer mejor, en el sentido de que debemos tener más reprocesamiento de desechos, redoblar la seguridad y apoyar planes de innovación, como el aplicado recientemente en el tranque de relave Los Bronces de Anglo American (ver recuadro). Es allí donde tenemos aún gran espacio para trabajar, y eso estamos haciendo desde el ministerio de Minería por solicitud del Presidente Sebastián Piñera”.

Revista del Cobre y la Industria Intentó obtener las opiniones técnicas de Sernageomin, respecto del estado actual de los relaves mineros a nivel nacional, pero a pesar de las reiteradas solicitudes realizadas a sus encargados de prensa, no fue posible obtener respuesta hasta el cierre de la presente edición.

Estado de los relaves en el país

Según el catastro público elaborado en 2018 por Sernageomin, en Chile existen 740 depósitos de relave, de los cuales 101 están activos; 469 inactivos; y 170 abandonados.

Esto posiciona a nuestro país como el tercer país del mundo con mayor cantidad de tranques de relave, siendo superado sólo por China y Estados Unidos.

El 50% de éstos enfrenta alguna situación de conflicto socio-ambiental, a lo cual se suma el natural rechazo de la comunidad a eventuales obras de ampliación o construcción de nuevos depósitos. Ello se traduce en elevados costos derivados de conflictos o impactos negativos en la opinión pública.

Según indican los registros oficiales, los depósitos hoy están presentes en 9 de las 15 regiones del país, y su mayor concentración se registra entre Atacama y Coquimbo, correspondiendo a 74% del total. De ese número, 60 son activos; 358 inactivos; y 129 están abandonados, incluyendo embalses, pastas, espesados, filtrados, tranques, dreim y pretiles.

480 de los depósitos existentes en territorio nacional tienen más de 50 mil toneladas de capacidad, y 3 de ellos superan el millón de toneladas.

Los elementos químicos predominantes en sus suelos son silicatos (como el 90% de todos los suelos de la Tierra), y son intrínsecamente inertes e inocuos. También están compuestos por elementos en solución como metales, reactivos y aditivos orgánicos, que constituyen una fracción mínima y no son productos tóxicos.

Sin embargo, los residuos de minerales con contenido de piritas, contienen azufre y pueden generar ácido sulfúrico en contacto con oxígeno libre.

El impacto de los sismos

De acuerdo con la normativa vigente, el sitio definido para un relave debe ser apto para la formación de un depósito estable y sustentable, respecto del medio donde se inserta, y durante el mayor plazo factible, según el Plan Minero de cada empresa. Esto implica proteger tanto al medio ambiente como reducir al máximo el eventual riesgo de accidentes.

Sin embargo, una variable que acrecienta la negativa percepción social de los embalses, radica en que las autoridades sólo reciben un reporte mensual de monitoreo y estado de los depósitos activos (14% del total); mientras que para las restantes 639 estructuras que ya cumplieron su vida útil, no existe ningún plan de supervisión público o privado.

Pese a esta carencia, a lo largo de la historia minera de Chile, en el siglo XX y hasta el desastre de Quillota en 1965, todas las fallas catastróficas en relaves sólo han sido causadas por sismos de gran magnitud (superior a 6° en la escala de Richter), escenario que se combinó con deficiencias tales como: Exploración y diseño inadecuados; modelo de construcción “aguas arriba”; operación negligente; baja compactación; exceso de finos en arenas de muro; carencias en control y supervisión, y lagunas extensas y muy cercanas al muro.

Sólo algunas pocas fallas han ocurrido por causas no sísmicas, y sus consecuencias han sido impactos ambientales limitados, debido fundamentalmente a exploración y diseño inadecuados; socavación por bloqueo de ductos enterrados y rebase por revancha insuficiente.

Para los especialistas este favorable escenario actual, se explica, precisamente, por la alta calidad de la ingeniería chilena, que ha aprendido (a partir de experiencias amargas), a diseñar y construir estructuras muy resistentes a los desastres naturales.

En Codelco manifiestan que “hoy se cuenta, asimismo, con la asesoría de empresas consultoras de experiencia internacional, por lo que los diseños y el establecimiento de controles consideran todas las buenas prácticas de la industria mundial”.

“Nuestros sistemas de relaves están operados, mantenidos y vigilados por profesionales de amplia experiencia, altas competencias, y que cuentan con los recursos necesarios para ejecutar sus funciones y están empoderados en la organización para mantener las premisas de diseño y de operación de los sistemas de relaves. A su vez, contamos con manuales de operación y guías de
manejo de relaves, desarrollados sobre la base de guías internacionales que toman en cuenta todas las variables y procesos críticos asociados a estos sistemas. En la mayoría de nuestras instalaciones de este tipo contamos con instrumentación en línea, y en las que tenemos instrumentación de lectura local, tenemos planes para su transformación”, agregan desde la minera estatal.

Aspectos que son refrendados por Rodrigo Moya, de Antofagasta Minerals, quien comenta que “dado el potencial minero de Chile, y la presencia de las principales compañías del mundo operando en nuestro país, no existen diferencias en uso de tecnologías (con los países desarrollados) en este tema en particular y en la industria minera en general”.

“De este modo -agrega el ejecutivo- la capacidad tecnológica moderna (de nuestra ingeniería) se demuestra con el comportamiento seguro, reciente, de todos los depósitos de relaves de grandes dimensiones que han soportado eventos sísmicos máximos, tales como el terremoto del 27/F de 2010, cuya magnitud fue de 8.8° (en la escala de Richter)”.

Nuevas medidas de prevención y reconversión

Una condición que, de todos modos, no detiene el trabajo en terreno desplegado durante el último año por el Ministerio de Minería, y que se espera fructifique en nuevas medidas de prevención y reconversión.

“En este minuto -destaca el ministro Baldo Prokurica-, estamos abocados a tres líneas de trabajo específicas para enfrentar el histórico abandono de los tranques de relave, que han sido tradicionalmente el patio trasero de la minería”.

Primero, se espera reforzar la seguridad mediante un plan piloto de monitoreo que comenzará a aplicarse a mediados de año en los tranques más importantes, con el objetivo de tener a corto plazo una cobertura total de los depósitos activos.

“Esta red comunicará directamente a Sernageomin con la Onemi para que al igual que en las alertas de tsunamis, se envíe a las personas ubicadas aguas abajo un aviso a su celular, para que evacuen la zona de peligro, en caso de emergencias”, explica el secretario de Estado.

También se está fomentando el procesamiento de los tranques en desuso o abandonados, para reconvertirlos en fuentes de elementos útiles como materiales de relleno o, incluso, de minerales. “En Chile hay tranques que tienen cincuenta, sesenta o cien años abandonados, y esperamos aplicar en ellos proyectos de reutilización similares al acuerdo alcanzado por Minera Valle Central con la División Teniente de Codelco”, enfatiza Prokurica.

Como tercera línea de trabajo se ofrecerá a las empresas que presenten nuevos proyectos, la opción de “adoptar” relaves en desuso, para que los puedan reutilizar o reorientar y así compensar el impacto de sus actividades en el medio ambiente. “Es un proyecto que ya está caminando, y para el cual tenemos diversas empresas interesadas, especialmente en zonas del país donde hay depósitos cercanos a ciudades”, destaca el jefe de la cartera.

Iniciativas que se enmarcan no sólo en el desafío de incrementar las exigentes normas de seguridad ya existentes, sino también en darle a la minería un verdadero carácter sustentable y circular, acorde con lo que hoy se espera de toda actividad económico-productiva moderna.