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Explotación de nuevos minerales en Chile: Entre la oportunidad y la amenaza

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Durante décadas el cobre ha sido “el salario de Chile”, pero la volatilidad de los mercados, el auge digital y de la electromovilidad, sumado a la creciente competencia regional, plantea la urgente necesidad de abrir el portafolio minero y aprovechar cuanto antes el resto de la gran riqueza geológica nacional.

“Sol de alto Perú; rostro Bolivia estaño y soledad; un verde Brasil; besa a mi Chile cobre y mineral”… La letra de la popular “Canción con Todos”, de los compositores argentinos Armando Tejada Gómez y César Isella, es tal vez una de las definiciones más precisas del horizonte minero nacional durante los últimos 100 años, con el metal rojo como principal -y casi único- estandarte de la abundante riqueza geológica de nuestro país.

Pero el Siglo XXI ha estado marcado por nuevos desarrollos tecnológicos, que se han traducido en mayor demanda de otras materias primas minerales que también abundan en nuestro suelo, como litio, cobalto, “tierras raras” y, en menor medida, manganeso y potasio, entre otras opciones. Esto permite a las autoridades trazar perspectivas positivas para el desarrollo económico y el posicionamiento de Chile como “potencia minera multi-productiva”.

Sin embargo, este escenario de buenas perspectivas no es compartido por todos los especialistas del sector, principalmente del ámbito técnico y académico, quienes acusan la “inexistencia de una política país para el desarrollo estratégico de la minería y la diversificación de su portafolio”.

“Chile no tiene un plan estratégico que abarque todos los minerales. No hay políticas públicas coherentes ni voluntad de legislar, no se fomenta la investigación académica, no se apoya a  las entidades educacionales, no se cuida a nuestro talento y además se hace todo lo posible por obstaculizar la inversión, poniendo cada vez más y más trabas regulatorias”, comenta Manuel Viera, doctor en economía minera, académico de la Universidad de las Américas, CEO de la empresa de ingeniería e innovación Metaproyect y ex director de Enami.

“El auge de la electromovilidad y otros avances tecnológicos ligados a la Transformación Digital nos indican que éste es el momento para trazar una política país coherente; pero, desgraciadamente, Chile es un país enfermo de burocratización y nuestras autoridades no quieren ni reconocer ni remediar este problema”, enfatiza Viera.

Una opinión similar tiene el director de la Escuela de Ingeniería en Minas de la Universidad Central, Marcos Alfaro, quien comenta que “como política de país, es importante diversificar la producción minera, para no seguir dependiendo de los vaivenes del cobre”.

“No hay que seguir poniendo los huevos en el mismo canasto. Deberíamos tener también una intensa producción de oro, plata, nitratos, litio y otros minerales como tierras raras y cobalto, de los cuales contamos con importantes reservas. De hecho, es positivo que se haya revisado el Proyecto Dominga, porque es muy importante para este objetivo estratégico”, subraya el académico.


Para el gerente general de JRI ingeniería, Juan Rayo, “lo más urgente de resolver, para avanzar en un camino de eficiencia productiva que consolide las oportunidades de los nuevos minerales, es lograr una normativa que elimine las restricciones que se tiene para explotar y procesar el litio, pero respetando los naturales intereses y resguardos de la autoridad”.

“Chile también tiene perspectivas ciertas de ser un exportador de concentrados o precipitados de cobalto (de hecho abasteció de este mineral al Tercer Reich hasta 1942), y también hay antecedentes que podrían indicar que hay tierras raras de calidad y en cantidad suficiente para explotarlas, beneficiarlas y exportarlas en forma rentable”, destaca Juan Rayo.

“Con menores probabilidades de éxito y/o explotación temprana se aprecian otros minerales que hoy tienen valor comercial relevante, como manganeso y potasio, entre otros”, agrega.

Litio y electromovilidad

El litio u “oro blanco”, ofrece las mayores perspectivas económicas en el corto plazo. Chile es uno de sus principales productores (junto con Argentina, Bolivia y Australia), y el Salar de Atacama es uno de los depósitos más ricos del mundo por sus altas concentraciones, bajo nivel de impurezas y explotación de subproductos como el potasio.

Es “recurso estratégico” desde 1979, lo que mantiene su explotación sólo en manos del Estado, a través de concesiones a privados.

Según proyecciones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), en 2021 la producción nacional de litio llegará a 147.000 toneladas, debido a la ampliación de la extracción en el Salar de Atacama. En este escenario, las exportaciones alcanzarían US$ 1.470 millones ese mismo año, fecha en que la demanda mundial proyectada sería de 372.288 toneladas de carbonato de litio equivalente.

El lito comenzó a utilizarse para fabricar baterías a inicios de la década de 1990. Esta demanda hoy bordea el 35% de su producción total, y se espera que en 2021 llegue a 59%, principalmente por la mayor fabricación de autos eléctricos y dispositivos móviles.

Hoy, cada teléfono inteligente requiere entre dos y tres gramos de litio; un computador portátil, 30 gramos; y un tablet, 18 gramos. Mientras que en los autos, su uso varía entre 1,6 a 22,6 kilos, pudiendo llegar a más de 40 kilos en el caso de los vehículos eléctricos, cuya tasa de crecimiento actual es de 12,6%, estimándose que en 2021 habrían 4,5 millones de unidades.

Para Jaime Alee, académico y director del Centro de Innovación del Litio (CIL) de la Universidad de Chile, CEO de la empresa Eskorpion Consulting y uno de los pioneros en el desarrollo de la primera batería de litio fabricada en nuestro país, las opciones para explotarlo con éxito “están dadas por extraer la máxima cantidad posible en el corto plazo, con los operadores existentes, antes que la oferta crezca desde otros países y los precios bajen”.

“Se debe manejar con inteligencia de negocios la relación de precio/costo, aprovechando la posición dominante de Chile en la producción global actual. Todo lo anterior, considerando que el mercado mundial del litio, es y siempre será, bastante pequeño respecto de otros productos mineros, y será más y más competitivo”.

Juan Rayo, gerente general de JRI Ingeniería, concuerda en que este momento, de buenas perspectivas, “debe aprovecharse lo antes posible”.

“Tanto el litio como el cobalto tienen un mercado muy dinámico, hoy día fuertemente activo por la perspectiva de los consumos asociados a electromovilidad. (Y si bien) todo hace pensar que aunque el mercado de ambos minerales es más voluble que el mercado del cobre, se desarrollará con fuerte dinamismo durante los próximos 20 años, antes de que se estabilice y/o surjan materiales competidores”, explica.

Pero la extracción del mineral, que hoy está mayoritariamente a cargo de las empresas SQM y Albermarle, y en menor grado de Codelco, no es el único escenario de oportunidades para la economía chilena. El debate se ha trasladado a la posibilidad de que nuestro país sea también productor de baterías, equipos electrónicos e incluso autos eléctricos.

Y aunque desde Corfo manifiestan que ésta no es una prioridad para el Estado, las opiniones en contrario surgen desde todos los sectores, aunque sin unanimidad de criterios.

Nos estamos farreando la oportunidad de invitar a fabricantes extranjeros que se instalen en nuestro país, con beneficios tributarios y podamos aprender de ellos. Nos quedamos en la industria 1.0 cuando todo el mundo, incluso nuestros vecinos, apuntan a la Industria 4.0”, comenta Manuel Viera, de Metaproject.

“Chile tiene mineros muy buenos y también metalurgistas de primer nivel, pero realmente faltan emprendedores de producción de productos terminados, ya sea en elementos de cobre, cables, tubos) y/o elementos de Li/Co (baterías, otros)”, manifiesta a su vez Juan Rayo. “(Sin embargo) a mi juicio -agrega-, ninguna de las grandes empresas mineras avecindadas en Chile se atreverá a desarrollar productos con mayor valor agregado, en especial porque sus ejecutivos (lo) ven como un negocio de alto riesgo y poca rentabilidad. Sólo cuando el Estado dicte normas estrictas de exportación con mayor valor agregado, habrá más inversiones y gestión en ser algo más que productores de concentrados y sales”.

Esta aparente “apatía”, es una “tremenda amenaza estratégica”, desde la visión de ingeniero Manuel Viera, quien dice que “Australia nos superó en producción, Perú anunció que encontró nuevas reservas y en menos de dos años veremos cómo se convierten en un actor importante. Y en Argentina ya están trabajando sus propios proyectos de litio, gracias a gobernadores provinciales con visión estratégica real. Pero en Chile nos acostumbramos tanto a ver a los demás por el retrovisor, que no nos daremos cuenta cuando nos sobrepasen y quedemos muy rezagados, lamentando las oportunidades perdidas”.

“Efectivamente nos hemos quedado atrás -reafirma el gerente general de JRI Ingeniería-, y aunque parezca raro, un país muy poco minero como Argentina, incluso con provincias anti mineras, ha logrado resolver los impedimentos legales que frenan este crecimiento”.

Una opinión algo menos crítica tiene el profesor Jaime Alee, quien comenta que Chile aún es muy competitivo en el mercado mundial del litio, a pesar de las señales erráticas de parte de las autoridades políticas, que aún debaten las maneras de fomentar la producción de “oro blanco”.

“Estamos peleando la pole position (productiva) con Australia. Las señales erráticas son disparos a los zapatos, producto de la ceguera política que se introduce en este mercado, de la mala imagen del sector, autoinflingida y ampliada por intereses políticos, y de malas gestiones del aparato público por exceso de entusiasmo en promesas sin evidencias”, explica el académico. Y respecto de si Chile está o no preparado para producir productos terminados, asevera que “técnicamente sí estamos preparados. La verdad es que nunca hubo un obstáculo. Pero políticamente estamos lejos de llevar a cabo un real aporte a este desafío, por falta de claridad del diagnóstico y expectativas, a mi juicio”.

“(Además) -añade Alee-, no tenemos capacidades industriales en manufactura. Somos un país comercial, no industrial. Por supuesto que podemos llegar a avanzar en este tema cuando reconozcamos lo primero. Obtener estas competencias no requiere tener litio, cobre u otras materias primas. Ese es el mayor error que cometemos como país y que seguimos repitiendo desde hace 50 años”.

Un poco más optimista es Juan Rayo, quien cree que “Chile tiene los potenciales minerales, las capacidades profesionales y los recursos financieros para ser agentes activos de electromovilidad. Sólo nos falta la capacidad y/o necesidad de efectuar emprendimientos técnicos y comerciales en ese campo”, enfatiza.

Cobalto 44 años después

El otro gran protagonista del nuevo proceso evolutivo tecnológico digital es el Cobalto, mineral que se explotó comercialmente en Chile hasta 1944, según datos de Corfo. Hoy también es una materia prima muy apetecida para producir baterías y conductores de diversos componentes, incluyendo desde teléfonos inteligentes hasta autos eléctricos de última generación.

Un escenario revolucionado por la decisión de grandes fabricantes electrónicos como Apple y Sony, entre otros, de no comprar más cobalto a la República del Congo (principal proveedor internacional), debido a las denuncias de maltrato y esclavitud infantil en sus faenas de extracción.

Esto impulsó a Chilean Cobalt Corp., filial nacional del grupo estadounidense Genlith, a comprar los derechos para explotar las zonas cobalteras ubicadas cerca del poblado de Freirina, en la Región de Atacama.

El proyecto considera una inversión inicial cercana a US$ 6 millones para estudio y prospección. La extracción y producción comenzarían en cinco años, período en el cual se habrá invertido cerca de US$ 100 millones. Con el yacimiento plenamente operativo, se espera una producción de mil toneladas anuales, representando el 1% de la demanda actual de cobalto.

La Compañía de Acero del Pacífico (CAP), también puso sus ojos en el cobalto, debido a que puede obtenerse como subproducto de la producción de hierro. Dicho interés surgió a partir de los recursos aportados por Corfo para investigar la viabilidad económica de este proceso.

Además la CAP actualmente opera en zonas donde hay existencia de cobalto, lo cual facilitó estudiar las distintas opciones de desarrollo.

Una “rara” oportunidad

Otros minerales muy poco conocidos, pero que también adquirieron protagonismo por su impacto en la fabricación de componentes electrónicos son los lantánidos o “tierras raras”, conformados por 15 elementos químicos que se subdividen en dos subgrupos basados ​​en el peso atómico.

El primer subgrupo son los Lantánidos Livianos, compuestos por el lantano, cerio, praseodimio, neodimio y samario. El segundo, son los Lantánidos Pesados, integrados por europio, gadolinio, terbio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, escandio e itrio. A estos se suman el escandio y el itrio, por sus similitudes físicas y químicas.

Sus propiedades químicas y físicas únicas los han posicionado como material estratégico en una serie de mercados y aplicaciones. De hecho, están presentes en la mayoría de los dispositivos tecnológicos cotidianos, como teléfonos inteligentes, computadores, tablets y autos.

Además, se utilizan para fabricar vehículos eléctricos, aerogeneradores, láseres médicos y distintas máquinas y tratamientos en el área de la salud, entre otras opciones. Por ello se les considera “los minerales más estratégicos del mundo”.

En nuestro país, la empresa BioLantánidos ya opera su primera planta piloto de Pruebas Metalúrgicas ubicada en la zona de Penco, Región del Biobío, destinada al estudio de procesos de extracción y producción de tierras raras.

El maicillo granítico de la Cordillera de la Costa de Chile, donde se ubica este proyecto, es abundante en Lantánidos Pesados. El mineral se puede extraer fácilmente y se concentra de manera significativa, lo que reduce costos de producción y permite uso eficiente de recursos.

Según explican en la compañía, los resultados posicionan al proyecto como uno de los más eficientes a nivel internacional, ya que posee uno de los Opex (gastos operacionales) y Capex (inversión en activos productivos) más bajos del mundo. Además no genera impactos significativos en el entorno y permite obtener un producto inicial, denominado concentrado de óxidos de lantánidos, de alta pureza (superior a 92%).

En el corto plazo, la empresa ingresará ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) su Estudio de Impacto Ambiental (EIA), para obtener los permisos ambientales que permitan la próxima explotación comercial del proyecto.