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Las gigantescas cifras tras la ingeniería minera: Proyectos que hacen contener el aliento

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Poner en marcha un yacimiento requiere inversiones que van más allá de la comprensión cotidiana, pero que son absolutamente lógicas si se considera que extraer y procesar la riqueza minera es una tarea mucho más compleja, insegura y ambiciosa, que cualquier otra obra de ingeniería humana.

Si quisiéramos definir un proyecto minero desde un punto de vista filosófico existencialista, deberíamos decir, antes que todo, que cada uno de ellos es, en esencia, único e irrepetible.

Y si bien, la construcción de infraestructura o el movimiento de tierras, son comunes en otras iniciativas estratégicas de la economía, como los proyectos inmobiliarios, viales o de explotación de recursos naturales, lo cierto es que tomar la riqueza minera desde las entrañas de la tierra implica desafíos de gran envergadura, que, por cierto, se reflejan en tareas de gigantescas dimensiones y altos costos asociados.

Tomemos, por ejemplo, Chuquicamata Subterránea, el inédito megaproyecto de Codelco que se apronta a iniciar sus operaciones en el segundo semestre de 2019 y que transformará al yacimiento a cielo abierto más grande del mundo, en una mina subterránea como nunca antes se había visto en todo el mundo.

Para empezar, sus obras, que se extendieron por casi una década, contemplan la construcción de 142 kilómetros de túneles; es decir, el equivalente a trazar una carretera subterránea que una Santiago y Chimbarongo. A ello se suma un pique de ventilación de 918 metros de profundidad y 11 metros de diámetro, donde cabrían fácilmente siete torres Entel, o tres torres Santiago Costanera Center, dos torres Taipei 101 y hasta el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa de Dubái.

Otro dato interesante y no menos impactante, es que las correas que transportarán el mineral en Chuquicamata, desde el complejo subterráneo a la superficie, deberán cubrir a diario una distancia equivalente a trepar 11 pisos de un edificio con ritmo de 24 horas durante 7 días de la semana.

Estas mismas correas tienen una longitud total de 14 kilómetros, lo que equivale a viajar entre las estaciones Tobalaba y Vicente Valdés, de la Línea 4 del Metro de Santiago.

Todo este megaproyecto tiene un costo total de US$ 5.500 millones de dólares (en valores actualizados), y durante su etapa de construcción dará empleo a más de 6.000 mil personas, cifra que llegará a 8 mil en la fase de producción plena, constituyéndose además en fuente laboral permanente durante una vida útil estimada en más de 40 años.

En contraste, el proyecto urbanístico más emblemático de Santiago, el gran complejo Costanera Center, de 710.000 m2, que incluye un centro comercial de siete niveles y la Gran Torre Santiago, de 300 metros de altura, demandó una inversión de “sólo” US$ 1.200 millones.

 

Claro que si viajamos al sur de nuestro país, encontramos otro sector estratégico de la economía, la industria forestal, que también sorprende de tanto en tanto con diversas iniciativas de expansión productiva de gran envergadura.

Sin embargo, su aparente gigantismo ni siquiera se acerca a los niveles de inversión y desarrollo que requiere un gran yacimiento minero. Por ejemplo, el nuevo proyecto de Modernización y Ampliación Planta Arauco (MAPA), que el Grupo Angelini acaba de aprobar en las provincias de Concepción y Arauco, costará cerca de US$ 2.350 millones. Es decir, poco menos de la mitad de Chuquicamata Subterránea.

Y eso que MAPA será el mayor proyecto forestal de la historia de Chile, generando entre 4 mil y 8 mil empleos y aumentando la capacidad de Celulosa Arauco en 5,1 millones de toneladas, hasta consolidarla como la segunda mayor productora de pulpa mundial.

Si nos trasladamos otro poco más al sur, encontraremos otra mega estructura emblemática de la ingeniería nacional: El puente sobre el Canal de Chacao. Un desafío vial que “apenas” requerirá entre US$ 740 y US$ 1.000 millones para materializarse en 2023 (la empresa a cargo recientemente pidió mayor aporte estatal y más plazo para terminar las obras).  Su extensión será de 2.750 metros y se erigirá sobre 36 pilotes de hormigón armado con acero, que en su estructura central se ubicarán sobre la denominada “roca remolino”. Cada uno de estos pilotes tiene un diámetro aproximado de 2,5 metros y una extensión de 50 metros lineales. Se depositarán en forma vertical en el fondo marino, conformando una suerte de rectángulo que luego será completado con un gran cubo de hormigón para dar forma al cimiento.

 

Además de una gran pila central, el proyecto Puente Chacao contempla la instalación de otras dos pilas, siendo la norte la más alta, con 199 metros.  A modo de referencia, supera al edificio Torre Titanium de Santiago, pero también podría entrar sin inconvenientes, en el pique central de Chuquicamata Subterránea.

Como contrapartida, un gran proyecto de la industria salmonera (el otro gran integrante estratégico de la economía chilena), como por ejemplo, los nuevos centros de engorda de salmones diseñados por la empresa Cultivos Marinos Lago Yelcho, en Tomé, Región del Biobío, requiere de “insignificantes” $3.600 millones (poco más de US$ 5.2 millones).